¿Cómo será la escuela en 2030? Expertos de más de cien países han llegado a sus conclusiones: no habrá cursos separados por edades ni exámenes… No solo se generalizarán las herramientas tecnológicas, el concepto mismo de pedagogía cambiará… Por Carlos Manuel Sánchez 

• Cómo educar a tus hijos para que triunfen

Usted piensa que un niño pequeño es un nativo digital, pero en realidad es un mutante. No se alarme, solo tiene que actualizar su información sobre la criatura, que nació con un smartphone bajo el brazo. Es un posmillennial, pertenece a la generación que vino interconectada a este mundo desde 2006 en adelante. En Estados Unidos los llaman homies, por Homeland Security, el Departamento de Seguridad Nacional creado a raíz de los atentados del 11-S. Y es que sus existencias están marcadas por la incertidumbre. El 65 por ciento de los alumnos de Primaria desempeñará trabajos que aún no se han inventado, los que dejen los robots. Así que ‘resetee’… Si es usted padre, está criando a un ‘iNiñ@’.

¿Cómo educar a esta generación?

El reto es inmenso. Porque es una generación que transformará el modelo de escuela que ha estado vigente en los últimos tres siglos. Un modelo de profesores y alumnos con roles jerárquicos bien definidos; aulas con pizarra y pupitres; exámenes, deberes… Es una generación de early adopters -los primeros en catar una novedad- que marcará el camino a las siguientes. Ellos no lo saben, pero son conejillos de Indias. Unos pioneros autodidactas, que se manejan simultáneamente con tres y cuatro pantallas, que están acostumbrados a consultar tutoriales en YouTube, a leer en tabletas, a documentar su vida en las redes sociales… Es su entrenamiento básico. Y viene de ‘fábrica’.

Afinar y adaptar

Las experiencias educativas que se generalizarán a finales de la próxima década se están ensayando ahora. Las herramientas tecnológicas ya están inventadas, a falta de afinarlas y adaptarlas. Pero no es solo la tecnología la que marca el camino. Es el concepto mismo de pedagogía el que se está redefiniendo. ¿Cómo será un día de clase en el curso 2029-2030? Trasladémonos con la imaginación a un colegio del futuro. Un colegio inspirado en las últimas predicciones de WISE, la cumbre mundial de la innovación educativa que reúne cada año a miles de expertos. La iniciativa WISE, es un think tank del que forman parte 20.000 sabios de 149 países. Entre ellos hay figuras de la talla de Sir Ken Robinson, el lingüista Noam Chomsky o el profesor Sugatra Mitra. Las dos últimas citas han tratado sobre la enseñanza en el año 2030.

El profesor no repartirá suspensos ni sobresalientes. Ya no será su misión. No existirán las notas porque no habrán asignaturas

Viajemos, pues, hasta allí. Adelantemos el reloj y pongámonos en la piel de un estudiante de doce años en 2030, esa edad marcaría hoy en España el inicio de la Secundaria y probablemente el traslado, con frecuencia penoso, de una escuela a un instituto, pero debemos romper unos cuantos esquemas mentales muy arraigados. Ya no existirán los cursos clasificados por edades. No pasarás de sexto de Primaria a primero de la ESO, previo ‘peaje’ obligatorio por unos exámenes que hay que aprobar e incluso una temible reválida en la que te juegas tu futuro en unas horas. Ya no repites curso si suspendes, ya que nadie suspende. El profesor no reparte calabazas o sobresalientes, porque no es su misión. El fracaso escolar ha desaparecido debido a que nos hemos replanteado el significado profundo de lo que significa valorar, y el sistema ya no se basa en la administración más o menos justa de premios y castigos, donde el 5 es la frontera entre seguir adelante o quedarte estancado. No existen las notas tal y como las entendemos hoy porque, ¡vaya!, no hay asignaturas.

El Aula invertida

¿Da vértigo? Pues solo es el principio. Pensemos en nuestro estudiante. Imaginemos que es miércoles y que toca ir a clase. Lunes y martes no fue, no porque hiciera novillos; la asistencia diaria, en jornada partida o intensiva, ya no es la norma. El aprendizaje es semipresencial, gracias al modelo de flipped classroom (aula invertida). Se trabaja mucho desde casa, conectado a las redes y orientado por el profesor. La documentación, los tutoriales, las lecturas previas…

La asistencia a clase no será la norma. El colegio y el hogar estarán más conectados que nunca. Padres y alumnos verán las clases en ‘streaming’

El calendario es personalizado; el horario, flexible, y se adapta a los diferentes grupos en los que trabaja nuestro alumno, grupos en los que se mezclan las edades y que colaboran en proyectos. Así que olvídese del rutinario madrugón de lunes a viernes, el día lectivo dividido en lecciones. ‘Mates’ a las 9, Ciencias a las 10, bocata en el recreo… El día es fluido. El aprendizaje es 24/7. las 24 horas del día, los 7 días de la semana. Las clases duran lo que duran las reuniones de trabajo del grupo.

El colegio, arquitectónicamente, no se parece a un colegio. Lo que Richard Gerver -uno de los más influyentes educadores actuales- llama la «escuela prisión», donde todas las aulas son parecidas, con parecido mobiliario, un patio, ‘inquilinos’ con uniformes, tareas rutinarias y previsibles, profesores que pasan más tiempo vigilando que enseñando…, pasó a la historia.
Fue un modelo que sirvió para adiestrar a los operarios manuales de las fábricas, donde la creatividad no tiene hueco, pero la primera Revolución Industrial fue en el siglo XVIII y ahora estamos estrenando la tercera, la de la inteligencia, como la bautizó el economista Jeremy Rifkin. Una revolución digital que precisa otros entornos. La escuela se parece a un espacio de coworking, esas oficinas compartidas, diáfanas, con salas de reuniones, taller, cocina, wifi… Sí, hubo que tirar unos cuantos tabiques para remodelar miles de centros. Nada grave.
Nuestro alumno va en ocasiones con sus padres al colegio. No solo para entrevistarse con el tutor, sino para trabajar con su hijo y aprender juntos. La enseñanza no es un proceso vertical donde un señor ilustrado suelta su discurso y un público despistado o atento toma apuntes o escucha pasivamente. Se trata de aprender a aprender. Además, hogar y colegio están más vinculados que nunca gracias al Internet de las cosas. Pizarras holográficas y materiales reactivos son habituales, incluso es normal que los padres presencien algunas clases en streaming desde el móvil o el ordenador.

En las etapas tempranas, cuando nuestro protagonista era un infante que aprendía a leer, escribir y otras competencias básicas, una pulsera cuantificadora o un reloj inteligente formaban parte de su vestuario. Controlaba sus constantes vitales e informaba de si estaba agotado, nervioso, concentrado… o incluso si se estaba peleando. Algunos días llevaba una diadema cerebral, capaz de detectar las ondas gamma (presentes cuando hay gran actividad neuronal) y delta (si se quedaba traspuesto). Asimismo, las mediciones biométricas de la retina informaban de si tenía dificultades en la lectura de un texto y permitieron la detección y el tratamiento temprano de algunos problemas de aprendizaje, como la dislexia. Todos los parámetros físicos y emocionales se tenían en cuenta. el pulso, el sudor, la expresión de los músculos faciales… Y la ‘seño’ cambiaba una lección sobre la marcha o la personalizaba, dependiendo de la información que fuese capaz de asimilar ese día, guiándose por su experiencia y por un asistente digital que funciona con algoritmos.

Tecnología de vestir

Pero ya se ha hecho mayor. Sigue llevando la pulsera, más que nada por costumbre, aunque la verdad es que no le presta demasiada atención, excepto cuando hace deporte y compara sus marcas con las de sus amigos. Entre la tecnología que ‘viste’ lleva ahora una microcámara, tipo Narrative Clip, prendida en el pecho, que hace fotos cada 30 segundos y las sube a los servidores del colegio. Se pusieron de moda para evitar el acoso escolar.

Una diadema cerebral medirá si el alumno tiene problemas de lectura

Pero a él le sirve para ayudarlo a documentar las reuniones.
El grupo de nuestro chaval trabaja en una maqueta interactiva y a gran escala de la Alhambra. [Lo que sigue está basado en un trabajo real de los alumnos del CEIP Federico García Lorca de Güevéjar, Granada, coordinados por su tutor Diego García, y presentado en el último Salón de Tecnología para la Enseñanza]. Y combina tecnología 3D, realidad aumentada y robótica, con un toque de cultura maker (la filosofía de aprender a través de la experiencia) que convierte a los niños en diseñadores de sus propias creaciones.

Los padres verán cómo sus hijos estudian ‘código’ el nuevo idioma universal. Los alumnos ya no memoriza conocimiento, los asimilan y los reciclan

Nuestro alumno tiene nociones de programación en código abierto a nivel de usuario con Arduino y Scratch, e incluso ha aprendido a generar códigos QR, esos sellos de barras de los carteles que permiten enlazar la información mediante un smartphone. Los papás que estudiaron latín ven cómo sus hijos estudian código, el nuevo idioma universal, que a diferencia del latín es una lengua viva.

Las gafas de realidad virtual -como las PlayStation VR (PSVR) de la imagen- ya se emplean para educar

Sin tiempo para aburrirse

Así que nuestro pequeño investigador ha buscado información sobre la arquitectura de la Alhambra y las costumbres en la época nazarí. No, esto no tiene nada que ver con un ‘cortapega’ de Wikipedia para plagiar deberes. Porque no solo ha recopilado lo más interesante sobre las matemáticas de los árabes, la astronomía, el uso del agua, la historia y todo lo que ha despertado su curiosidad. Ha actualizado el día a día del proyecto en un videoblog. Ha buscado planos para confeccionar la maqueta y los ha calcado en papel continuo sobre una pizarra táctil. Ha trabajado con diferentes dispositivos electrónicos y ha desarrollado aplicaciones para móviles. Ha grabado y editado una presentación final de vídeo. Ha manejado una impresora 3D y hoy toca ensayar una presentación ante una ronda de supuestos inversores -otros grupos de la clase-, como si de una start-up se tratase en la que sus compañeros son sus socios. Y, lo más importante, para llegar hasta aquí se ha ejercitado en el trabajo en equipo, en sus habilidades sociales y de organización, en la resolución de conflictos, en la presentación de un producto… Lo lleva haciendo desde muy pequeño y es lo que le prepara para la vida. No memoriza conocimientos; los asimila, los asocia, los usa y los recicla.

La firma de arquitectos Fielding Nair International está revolucionando el diseño de colegios con sus espacios educativos flexibles

Nuestro estudiante nunca tendrá tiempo de aburrirse. Los cascos de realidad virtual, que permiten la inmersión en un escenario envolvente y tridimensional, serán tan corrientes como lo son hoy los estuches de lápices. Ya hay decenas de aplicaciones para Oculus Rift que permiten a los niños, por ejemplo, ponerse en la piel de los astronautas del Apolo 11, aprendiendo de paso el contexto político que permitió al hombre pisar la Luna; o saltar a la arena con los gladiadores del Coliseo para estudiar el Imperio romano. El factor precio será decisivo. Google lo ha entendido así y apuesta por el low cost -unas lentes montadas sobre gafas de cartón que se acoplan al móvil-, sabiendo que su potencial pedagógico está en aplicaciones como Expeditions, que permite realizar excursiones desde la Antártida a la Muralla China.

Premios y calificaciones

Cómo calificaremos a los estudiantes? Vale la pena premiar a los resolutivos y castigar a los que se dejaron llevar por el esfuerzo de los demás? La vida -léase las empresas, o la capacidad para emprender proyectos por cuenta propia- pondrá a cada uno en su lugar, no es así? Es un asunto controvertido en el que los expertos no se ponen de acuerdo. Sí que hay cierto consenso en que diremos adiós al clásico boletín de notas, sustituido por tres métodos de valoración. Uno, en las etapas básicas, será el seguimiento diario del alumno con un sistema híbrido entre las observaciones de sus profesores y los datos que aportarán en tiempo real los gadgets inteligentes. Y que serán procesados con Inteligencia Artificial para diagnosticar necesidades y potencialidades, así como el nivel de madurez.

Los libros de texto estarán jubilados, pero no el buen profesor

El segundo, cuando el alumno haya elegido sus intereses profesionales y empiece con su itinerario académico personalizado, será el currículum. Uno estándar europeo, automatizado y accesible en la nube a petición de posibles empleadores. Y en el que también será importante la reputación, basada en las críticas y comentarios de profesores y compañeros. Un currículum, por tanto, que se asemeja a un perfil de LinkedIn. Pero no importarán tanto las titulaciones como lo que uno sepa hacer y, sobre todo, lo ágil que sea para aprender nuevas tareas.

El tercero serán los test internacionales, tipo Pisa. Las grandes editoriales, como Pearson, tienen mucho interés en que estas pruebas sigan existiendo, pues han diversificado su negocio ante la jubilación anunciada de la gallina de los huevos de oro. los libros de texto. El que nunca debería jubilarse es el buen profesor, aunque ya no tanto en el papel de transmisor del saber, sino de orientador. un amigo de confianza que contagia curiosidad, filtra lo útil y selecciona fuentes fiables con espíritu crítico.

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