Especial Premios Príncipe de Asturias Un héroe en el horror de Fukushima
Este bombero de 48 años fue uno de los técnicos que se adentraron en la terrible central nuclear de fukushima. sometido a una radiación extrema, su sacrificio y el de otros como él, los llamados «héroes de fukushima», ha sido merecedor este año del premio príncipe de asturias. Por primera vez, y en exclusiva, cuenta su historia.
Toyohiko Tomioka
Principe de Asturias de la Concordia
El capitán Toyohiko Tomioka, el hombre que recibirá el Premio en nombre de todos los héroes de Fukushima, posa con el uniforme de las Fuerzas de Rescate de Bomberos de Tokio.
Te necesitamos . 18 de marzo de 2011. Es la una de la madrugada. la voz de un superior despierta a Toyohiko Tomioka, capitán de una unidad de los bomberos de tokio. Lo requieren en la central nuclear de fukushima.
Han pasado siete días desde que un tsunami causara graves daños en esta planta, uno de los mayores complejos atómicos del mundo. La refrigeración falla. Hay amenaza inminente de fusión en el núcleo. El Gobierno acaba de elevar el nivel de alerta a cinco (sobre siete). La respuesta de Tomioka no se hace esperar. Por supuesto, lo haré lo mejor que pueda .Tomioka es un «héroe de Fukushima». Apenas uno de los más de 1300 profesionales que arriesgaron su vida para evitar el que podría haber sido el mayor desastre nuclear de la historia. En las instalaciones del Equipo del Área 6 de las Fuerzas de Rescate de Bomberos de Tokio, Tomioka relata su historia estaba seguro de que me llamarían La orden oficial de la misión me llegó el 18 de marzo, a las 00.50 h. Me llamaron a casa. Yo ya estaba preparado. Un día antes, el Ejército intentaba enfriar los reactores, sin demasiado éxito, y estaba casi seguro de que nos llamarían. Tenía muchas ganas de ayudar. Ya nos habían ordenado realizar simulacros y entrenamientos para ir a Fukushima en caso de que hiciéramos falta. Así que respondí. «Por supuesto, lo haré lo mejor que pueda».Yo siempre supe que aquella no era una misión ordinaria. Era consciente de que se trataba de una crisis nacional. En aquellos días, la situación en Tokio también era difícil, pero los niños continuaban jugando en los parques y en los jardines. Soy padre de dos hijos y, al observar a estos niños, inocentes, pensé que tenía que hacer algo. Por eso no pensé en el miedo. Aunque me hubieran dicho que mi vida se reduciría en cinco o diez años, no me habría importado. Lo que sé es que no me voy a morir ahora .Hablé con mi familia, quería ir A mi familia no le hizo mucha gracia, pero estaban avisados. Ya les había dicho que, si recibía la orden, no dudaría en acudir a Fukushima; que si tenía que ir alguien allí, quería ser yo. Tengo mucha experiencia en operaciones de rescate en desastres a gran escala y sabía que podía ser muy útil.Mi hijo mayor me suplicó que no fuera por los niveles de radiación y el peligro de una explosión. Mi esposa sabía que, dijese lo que dijese, no lograría influir en mi voluntad, así que se quedó respetuosamente callada, apoyando mi decisión. Mi hija, quizá por el efecto de la impresión, tampoco dijo nada. Después, en la rueda de prensa que ofrecimos al regresar a Tokio pedí perdón a las familias, a la mía y a las de todos mis compañeros .Viaje hacia el epicentro del horror Fukushima está a 250 kilómetros al norte de Tokio. Tardamos muchísimo en llegar, las carreteras estaban destrozadas, plagadas de escombros. Sirva como ejemplo que desde Yotsukura, donde se estableció el cuartel general provisional a 25 kilómetros de la central, tardamos tres horas y media en llegar a la puerta principal de la planta nuclear. Hicimos ese trayecto en un coche blindado antirradiación. Aparte de los trajes protectores, las máscaras, las bombonas de oxígeno y un medidor de radiación para saber cuándo debíamos abandonar la zona, en Yotsukura tomamos yodo para limitar los efectos de la radiación en nuestros cuerpos [el yodo es eficaz contra el cáncer de tiroides causado por la radiactividad] . Una hora en el infierno Estuve en la central desde las 16.30 hasta las 17.30. En ese tiempo recorrí a pie, yo solo, toda la planta verificando el estado de la zona [los turnos de trabajo, siempre muy cortos, variaban en función de la radiación recibida. Con el tiempo, se aumentó el límite máximo a 250 microsieverts, para garantizar más horas de trabajo]. Cuando el medidor llegó a los 100 microsieverts por hora me retiré. Es un nivel muy alto [el máximo de exposición permitido para el personal en una operación de emergencia], lo suficiente para que al salir de la central ya no pudiera volver . No pude pegar ojo por la tensión Yo estaba a cargo del «equipo de avanzada». Mi misión consistía en diseñar una estrategia y dirigir a los bomberos. Debía verificar si era posible regar los reactores y velar por la seguridad de los hombres. Cuando comprobé que echar agua era factible, estudié cómo hacerlo. desde qué ángulo debíamos proceder, dónde aparcar los camiones, qué tipo de camiones y de mangueras usaríamos y cómo acercarnos lo más posible hasta los reactores. Al salir, di las instrucciones oportunas a mis compañeros y enfriamos los reactores. Éramos 139 bomberos y estuvimos trabajando hasta las tres de la madrugada. Pese al agotamiento, no pude pegar ojo por la tensión. Volvimos a Tokio la noche siguiente, pasamos una revisión médica y dimos una rueda de prensa, en la que explicamos nuestra actuación .Sin tiempo para el miedo Todos teníamos miedo. Si digo que no tuve nada, mentiría; pero estaba tan centrado en la misión, que, más bien, no fui consciente del mismo. Creo que a todos los trabajadores les pasó lo mismo. Cada uno tenía su obligación y, mientras nos encontrábamos en la planta, nos centramos en llevar a cabo nuestro trabajo. No había tiempo para el miedo. Por suerte nadie sufrió lesiones, aunque hubo un compañero que se encontró mal tras la operación. Después de pasar una revisión médica, se diagnosticó que la causa fue la tensión a la que se vio sometido. La moral de la gente, en todo caso, se mantuvo siempre alta .El regreso a casa Al acabar la rueda de prensa, volví a casa y me bañé. Toda mi familia me esperaba despierta; era más de medianoche, sobre la una. Les dije que estaba bien. Luego estuve tomando sake y charlando con ellos. Nada más. Siento que esta experiencia no ha cambiado nada. No ha afectado ni a mi forma de pensar ni a mis principios y valores. Tampoco ha cambiado en absoluto mi opinión respecto a la energía nuclear, que me reservo para mí. Lo único que puedo decir es que, después de trabajar en una misión tan importante como aquella, sentí la satisfacción del deber cumplido. Ahora, al igual que todos ustedes, obtengo la información a través de los medios de comunicación. periódicos y televisión .Cuando la tierra tembló El 11 de marzo, el día del terremoto, yo estaba en Zushi [70 kilómetros al sur de Tokio] en una boda. Me encontraba dando un discurso, micrófono en mano, cuando todo comenzó a temblar. La sala tenía la salida estrecha y pensé que, como el edificio era de apenas dos plantas y relativamente nuevo, no había peligro de derrumbamiento. Les dije a todos que mantuvieran la calma, que se resguardasen debajo de las mesas y que se quedasen allí hasta que pasara el terremoto. Fue difícil mantener la calma, el temblor duró más tiempo de lo normal. Afortunadamente, ningún miembro de mi familia sufrió daño alguno. Soy de un pueblo pesquero de la provincia de Aomori [700 kilómetros al norte de Tokio] y tras el terremoto se activó la alerta de tsunami en mi pueblo natal. Mi madre pasó la noche en un refugio en un terreno elevado. Uno de mis hermanos mayores es pescador. Cuando se produjo el terremoto, se encontraba en el océano. Se dirigió a alta mar y pasó allí la noche .Reconocimientos y disculpas Hemos recibido cientos de mensajes de apoyo y agradecimiento de parte de nuestros compatriotas, como también nos han llegado los de compañeros de profesión de otros países. Es, además, un honor recibir una distinción tan importante como el premio Príncipe de Asturias de la Concordia y saber que el pueblo español ha estado y está pendiente de nosotros. Quisiera aprovechar para agradecer a todos el apoyo que hemos tenido en muchos países del mundo. Pero aún hay gente que trabaja en la planta nuclear y en la restauración de las zonas afectadas; siento que en Oviedo estaré representando a todas aquellas personas que han trabajado y siguen trabajando actualmente. Y, para terminar, quería simplemente pedirles disculpas a todos ustedes y a todos los países del mundo por la preocupación que les hemos causado como consecuencia de la catástrofe acaecida en la planta nuclear de Fukushima .
Éramos 139 bomberos. Llegamos a la central en un coche blindado antirradiación. Yo fui el primero en entrar. Aparte de los trajes protectores y las máscaras, portábamos un detector de radiación , asegura Tomiok