Las tragedias se ceban con la familia Kennedy como con pocas sagas. La Ășltima la ha protagonizado Mary Richardson Kennedy, casada con Robert Jr. Fue una arquitecta brillante y una belleza de la alta sociedad, pero tenĂ­a un lado oscuro. Se ahorcĂł en mayo. Por Carlos Manuel SĂĄnchez.

Ahora, el testimonio de su marido contando los detalles de su vida en comĂșn resulta aĂșn mĂĄs espeluznante -y polĂ©mico-que su propia muerte.

Era metĂłdica. Obsesiva. Perfeccionista. Lo que hacĂ­a, lo hacĂ­a con pasiĂłn. Ese carĂĄcter meticuloso, que en sus mejores dĂ­as podĂ­a hacer de ella una mujer muy seductora, tenĂ­a su reverso. Fue igual de concienzuda a la hora de destruirse. BebiĂł sin tregua. AmĂł y odiĂł con el mismo encarnizamiento. Como esposa y como madre fue exigente, posesiva y desconfiada.

Su belleza e inteligencia escondĂ­an su adicciĂłn al alcohol y un trastorno de personalidad.

Se suicidĂł en mayo, ahorcĂĄndose de una viga de su casa en Bedford, al norte de Nueva York. Antes buscĂł en Internet mĂ©todos para hacer nudos. E hizo un nudo primoroso, esmeradĂ­simo. Un nudo marinero que jamĂĄs cederĂ­a al peso de su cuerpo. El forense vio que tenĂ­a las uñas cianĂłticas, azuladas. Una señal de que, en el Ășltimo momento, se aferrĂł a la vida, forcejeĂł hasta que no pudo mĂĄs. Mary Richardson Kennedy se arrepintiĂł cuando ya era demasiado tarde. TenĂ­a 52 años.

Laurence Leamer, historiador de la familia Kennedy, ha tenido acceso a la declaraciĂłn jurada de su marido, Bobby Jr., el tercero de los once hijos del senador Robert Kennedy, que muriĂł asesinado en 1968 cuando se postulaba para presidente. El documento, de 60 pĂĄginas, consta como prueba en su largo y costoso proceso de divorcio y dibuja un retrato desolador de la que fuera su esposa. Publicado por Newsweek, el relato de Bobby ha encendido un amargo debate entre la familia Kennedy y las hermanas Richardson.

ÂżLo que cuenta Bobby es una sarta de mentiras, como sostiene la familia Richardson? ÂżO es la confesiĂłn de un hombre maltratado por una mujer desquiciada? La controversia tiene a los estadounidenses fascinados, como siempre que el destino soprende al clan Kennedy con una nueva y dramĂĄtica vuelta de tuerca. La maldiciĂłn sigue cebĂĄndose con ellos.

Mary Richardson kennedy

Esta vez la tragedia se veĂ­a venir de lejos. Mary se pasĂł las Ășltimas semanas de su vida borracha, llorando y esperando una llamada de su exmarido, al que habĂ­a suplicado una nueva oportunidad. Apenas comĂ­a. Su comportamiento era tan errĂĄtico que el juez habĂ­a otorgado la custodia temporal de sus hijos a Bobby y las visitas debĂ­an hacerse siempre con la supervisiĂłn de un adulto de confianza. Ya habĂ­a sido detenida un par de veces por conducir bajo los efectos del alcohol desde el divorcio, en 2010.

Estaba en tratamiento psiquiĂĄtrico, pero no acudĂ­a a las citas. Por su cuenta se atiborraba de antidepresivos. Mary le pidiĂł al marido de la criada que le comprase una cuerda porque, decĂ­a, la necesitaba para sujetar un sofĂĄ. El 16 de mayo la pareja de sirvientes la buscĂł por toda la casa, conocida como The Kennedy Green House, una vivienda ecolĂłgica diseñada por la propia Mary, pero no aparecĂ­a por ninguna parte. Angustiados, llamaron a Bobby, que ahora vivĂ­a en su apartamento de soltero en el mismo vecindario.Finalmente la encontraron en el granero. Bobby, el hombre de hielo, al que no se vio derramar una lĂĄgrima en los funerales de sus hermanos David y Michael ni en el de su primo John Kennedy Jr., se derrumbĂł y llorĂł sin consuelo. «¥Has matado a mi hermana!» , le gritĂł una de sus cuñadas durante el velatorio. Le reprocharon sus antiguas adicciones al alcohol y a las drogas y sus lĂ­os de faldas; y consideran que sus mĂșltiples adulterios fueron decisivos para que Mary perdiese el equilibrio emocional. Las hostilidades entre las familias Kennedy y Richardson habĂ­an comenzado.

Durante el funeral en la iglesia de San Patricio, Bobby echĂł balones fuera y no admitiĂł culpa alguna por lo sucedido en el elogio que hizo de Mary. «SĂ© que tratĂ© por todos los medios de ayudarla. LuchĂł duro. TenĂ­a esos demonios interiores Y no se merecĂ­a lo que le pasĂł. Me reprochaba haberla apartado de su profesiĂłn para ocuparse de la familia». Mary pertenecĂ­a a la bohemia de Nueva York en los años ochenta. TrabajĂł para Andy Warhol durante una temporada. Sofisticada y guapĂ­sima, intimidaba a los hombres con su intelecto y su belleza. Le atraĂ­an los tipos problemĂĄticos y famosos desde la universidad, segĂșn cuenta Kerry, hermana de Bobby, compañera de facultad y por entonces su mejor amiga. Kerry le abriĂł la puerta de Camelot. Y Bobby resultĂł irresistible para Mary. TenĂ­a el glamour de los Kennedy. Y tambiĂ©n tenĂ­a problemas. Muchos.

Comparados con el resto del clan, los hijos del senador Robert Kennedy eran pobres. Su padre se gastó la mayoría de su herencia en la campaña presidencial de 1968. La ausencia traumåtica del padre fue un golpe del que muy pocos se repusieron. Y Bobby no fue uno de ellos. Los genes maternos tampoco ayudaban. Los Skakel eran pendencieros y amantes del riesgo. Un hermano de Bobby se mató en un accidente absurdo de esquí. Y un tío asesinó a su novia de 15 años machacåndole la cabeza con un palo de golf. Así que Bobby se enganchó a la heroína.

Bobby, que estuvo enganchado a la heroĂ­na, se habĂ­a rehabilitado cuando la conociĂł en los 90. IntentĂł ayudarla con sus adicciones, pero le fue infiel sin molestarse en ocultarlo.

Dio tumbos durante años, pero conoció a una chica sensata, Emily Black, con la que se casó. Tuvieron dos hijos, Bobby III y Kathleen (Kick). Bobby trabajaba como abogado de organizaciones ecologistas y parecía haber superado su drogadicción. Pero siempre fue mujeriego. Emily aguantó diez años. Hasta que se hartó y pidió el divorcio. Todavía estaba casado con Emily cuando empezó a flirtear con Mary.

AdemĂĄs de su mutuo interĂ©s por las causas medioambientales, a Bobby y Mary les unĂ­a una pasiĂłn violenta y arrolladora. Se casaron en 1994. Él tenĂ­a 40 años, ella 34. Estaba embarazada de seis meses. Pero en su polĂ©mica declaraciĂłn jurada, Bobby revela ahora que Mary era muy celosa y no soportaba que Ă©l siguiera hablando con su exmujer. «Me dio un puñetazo en la cara y el anillo de compromiso me rompiĂł un conducto lagrimal. El daño es permanente. Me casĂ© con un ojo a la funerala. Mary me suplicĂł que mintiese a mi familia y a los invitados sobre la causa del moratĂłn».

Bobby supo entonces que Mary habĂ­a sido tratada por anorexia en su juventud y tenĂ­a un serio problema con la bebida. Fueron juntos a AlcohĂłlicos AnĂłnimos. Pero Mary la tomĂł entonces con los hijos de Bobby. LlegĂł a golpearlos. Una vez, Bobby tuvo que saltar desde la ventana de un segundo piso porque Mary, que habĂ­a practicado boxeo en la universidad, lo acorralĂł. En otra ocasiĂłn, intentĂł clavarle unas tijeras.

A los tres años de casados, Bobby anunció que quería el divorcio. Mary amenazó con suicidarse. Desde entonces, la pareja entrna espiral autodestructiva en la que se sucedieron los embarazos de Mary y sus amagos de suicidio, por un lado, y las aventuras sexuales de Bobby, que desde 2003 dejó de molestarse en mantenerlas en secreto. En 2006, un psiquiatra confirmó que Mary padecía un trastorno límite de la personalidad. No obstante, se dieron una nueva oportunidad. Mary intentó retomar su carrera de arquitecto. Recuperó la ilusión. Pero fue un espejismo. Justo un año antes de acabar con su vida, Mary atropelló con el coche a Porcia, el perro de la familia, delante de su hijo menor, Aidan, que sufrió un ataque de nervios. Fue el preludio del horror absoluto.

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